A veces nos enfrentamos a situaciones que no entendemos. No sabemos cómo se crearon y mucho menos cómo salir de ellas.
Y entonces entra en juego algo sin darnos cuenta: la mente busca una explicación.
No necesariamente la explicación correcta. Sino una explicación que le dé sentido a lo que está ocurriendo para poder y tener razón.
La necesidad de justificación
La psicología cognitiva lleva décadas estudiando este fenómeno. Según Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía, los juicios y decisiones humanas no se basan en un análisis racional y objetivo de la realidad — se basan en procesos mentales simplificadores llamados heurísticos: atajos inconscientes que reformulan los problemas y los transforman en algo más manejable.
Dicho de otra manera: cuando algo ocurre y no lo entendemos, la mente no busca la verdad. Busca coherencia, una versión de los hechos que encaje con lo que ya cree, con lo que ya necesita para seguir funcionando. Esto lo hace de forma automática, sin que podamos evitarlo.
Este mecanismo tiene un nombre: sesgo de justificación. Y se manifiesta en el hecho de que la mente es capaz de construir teorías muy elaboradas sobre por qué algo ocurrió — teorías que nos dejan a nosotros en el lugar de víctimas, he incomprendidos — cuando la realidad puede ser completamente diferente.
El inconsciente que actúa sin pedir permiso
Sigmund Freud fue el primero en sistematizar la idea de que una gran parte de nuestros comportamientos no proviene de decisiones conscientes, sino de procesos internos que operan por debajo de nuestra percepción.
Desde la PNL, se sabe que el inconsciente no ejerce funciones de interpretación, razonamiento ni análisis. Simplemente registra y guarda información, aceptando toda experiencia como verdadera y desde ese almacén de experiencias no procesadas, dirige nuestras reacciones automáticas ante situaciones que se parecen a alguna experiencia que ya hemos vivido.
Esto explica por qué reaccionamos de manera desproporcionada ante ciertas situaciones. Por qué nos enfadamos por algo insignificante, repetimos patrones aunque hayamos decidido conscientemente no hacerlo. Esto es el inconsciente respondiendo a una amenaza percibida que la mente consciente ni siquiera ha procesado todavía.
Causa y efecto: todo lo que causamos tiene su efecto
Aquí es donde entra una de las herramientas más transformadoras del trabajo personal: el análisis de causa y efecto.
Todo lo que estamos viviendo hoy es el resultado de lo que hemos causado antes — con nuestras decisiones, reacciones, creencias y patrones inconscientes.
Hacer un análisis honesto de lo que estamos viviendo y de lo que hemos vivido puede darnos una claridad que ninguna justificación mental puede mostrar, nos ayuda a ver con nitidez qué hemos puesto en movimiento y qué podemos cambiar desde ahora.
La pregunta no es ¿por qué me pasa esto? Pregunta con la que estamos buscando culpables externos.
La pregunta es ¿Qué he hecho yo, consciente o inconscientemente, para que esto ocurra?
Esa pregunta, hecha con honestidad y la responsabilidad de corregir lo cambia todo.
Cómo empezar a salir de las acciones reactivas
No se trata de analizar todo de manera obsesiva. Se trata de desarrollar la capacidad de hacer una pausa entre el impulso y la reacción — ese espacio nos da la libertad de elegir.
Algunas preguntas que pueden ayudarte:
¿Esta reacción que estoy teniendo es proporcional a lo que está ocurriendo realmente?
¿Qué historia me estoy contando sobre esta situación?
¿Qué parte de lo que estoy viviendo he podido generar yo, aunque no fuera mi intención?
La inconsciencia no es un defecto, es el punto de partida de todos. Lo que nos diferencia es si decidimos quedarnos ahí o traer más claridad a nuestra realidad.
«Si quieres entender cómo el inconsciente proyecta hacia fuera lo que no reconoce dentro, te invito a leer este artículo:https://vida-mejorpiedadcalderon.com/las-proyecciones/
Con cariño Piedad Calderón — Especialista en transformación personal · Titulada en PNL


